Hace un año tomé una decisión que, en su momento, se sintió como un pequeño terremoto: un cambio de carrera. No fue una decisión impulsiva, pero tampoco fue fácil. Había construido una idea de mí mismo alrededor de ese primer camino: sabía qué materias venían, tenía amistades, conecté con profesores. Cambiarme significaba soltar todo eso y empezar, otra vez, sin ese mapa.
Lo que aprendí de ese año no fue tanto sobre ingeniería como sobre el futuro. Crecemos pensando que el destino, o al menos el plan, debería estar escrito en piedra: eliges una carrera, un camino, una versión de ti mismo, y ya. Pero la piedra se agrieta más seguido de lo que creemos. Un año, un trimestre, a veces una sola clase puede cambiar por completo la dirección en la que crees que vas. Y eso no es una falla del plan original. Es, simplemente, cómo funciona crecer.
Por eso, cuando pienso en qué significa “mover el mundo”, no pienso en algo grandioso. No pienso en inventos que cambian la historia ni en titulares. Pienso en algo mucho más pequeño y, creo, mucho más real: mover el mundo empieza por estar dispuesto a moverte tú primero. Por no aferrarte tanto a un plan que dejes de escuchar las señales que te dicen que hay otro camino. Por permitirte cambiar de opinión sin sentir que eso te hace menos capaz o menos serio.
Ese movimiento pequeño, personal, tiene un efecto que se multiplica. Cuando alguien te ve tomar una decisión así, dejar algo conocido por algo incierto pero más honesto, eso da permiso. Le muestra a la persona de al lado que también puede replantearse su camino sin que el mundo se acabe. Así es como yo creo que realmente se mueve el mundo: no con un solo gesto enorme, sino con una cadena de personas que se atreven a moverse primero en su propio terreno.
Así que si algo quiero dejarte con esto es simple: no dejes que tu mundo se tranque. No te quedes fijo en una idea de ti mismo solo porque ya la elegiste una vez. Muévete cuando lo necesites, aunque dé miedo, aunque signifique empezar de nuevo. Y al moverte, sé parte del movimiento: del que hace que otros también se atrevan a cambiar de rumbo cuando lo suyo ya no encaja.
El mundo no lo mueven solo los que tienen todo resuelto. Lo mueven los que están dispuestos a no tenerlo y avanzar de todas formas.
Por: John P. Nieves Hernández
Estudiante de 3er año, Ingeniería Mecánica en Robótica y Automatización Industrial