VIRTUAL ORLANDO

Dec 311969

Una ruta sin trazar… un mundo por mover

Cuando somos pequeños y nos preguntan qué queremos ser cuando grandes, las respuestas suelen parecer sencillas. En los días de profesiones de la escuela, algunos se vestían de policías, bomberos o maestros. Yo me vestí de doctora.

Durante mucho tiempo pensé que ese sería mi camino, ya que la medicina siempre me llamó la atención. Mi abuelita y mi abuelito fueron pacientes de cáncer y muchas veces deseé tener más conocimiento para poder aportar durante ese proceso. Perderlos fue uno de esos obstáculos que cambiaron mi ruta, de esos que uno nunca escoge y que, aunque duelan, te enseñan que seguir adelante no significa olvidar, sino convertir esas situaciones en motivación para continuar.

Con el tiempo entendí que querer algo no significa que la manera de llegar hasta ello sea como la imaginamos. La medicina seguía siendo algo que me apasionaba, pero también representaba un proceso largo y exigente. Fue ahí cuando entendí que, antes de querer mover el mundo, primero tenía que atreverme a construir mi propia ruta.

Esa ruta me llevó a un campo que de pequeña ni había considerado: la Ingeniería Biomédica.

Descubrí que ayudar a un paciente no siempre significa estar en un consultorio. También puede significar desarrollar un dispositivo que le dé una segunda oportunidad o una tecnología que detecte una enfermedad a tiempo. Detrás de cada dispositivo existen ingenieros que quizás nunca conozcan al paciente que ayudaron, pero que también formaron parte de su historia.

En el proceso, mi camino se cruzó con otros futuros ingenieros que hoy tengo la suerte de llamar amigos. Hemos compartido proyectos, frustraciones y logros. Aunque al graduarnos tomemos direcciones diferentes, me emociona pensar que algún día podremos mirar atrás y decir que juntos dimos el primer paso para mover el mundo, cada uno a su manera.

La Politécnica también me enseñó que una ruta no se construye solamente dentro de un salón. La vida puede cerrar puertas, pero, después de todo, los grandes edificios tienen muchas ventanas. Una de esas ventanas me permitió conocer de cerca la industria de dispositivos médicos. Este verano se abrieron otras dos: pude rotar con la Dra. Gabriela Rivera, ginecóloga obstetra, y el Dr. Dencel García, cirujano ortopeda.

En la sala de operaciones pude conectar ambos mundos. Mientras observaba al médico utilizar un dispositivo, pensaba en quienes estuvieron detrás de su diseño, manufactura y desarrollo. Podía imaginarme dentro de esa sala como médico o como parte del equipo de ingenieros que hicieron posible que esas herramientas llegaran hasta allí. Entendí que quizás nunca tuve que escoger entre querer ayudar a un paciente y querer ser ingeniera; existen muchas maneras de llegar a un mismo propósito.

Mis abuelos no estarán físicamente el día de mi graduación, pero sé que estarán presentes en todo lo que ese momento significará para mí. Al final de esta etapa seré la Ingeniera Sánchez, pero mi ruta no tiene por qué terminar ahí. Quizás continúe mis estudios con una maestría, quizás retome aquel sueño de niña y algún día también me convierta en la Dra. Sánchez, o quizás la vida me sorprenda con un camino que todavía no conozco.

Porque antes de mover el mundo, tuve que entender que no necesitaba tener mi ruta perfectamente trazada. Solo necesitaba atreverme a seguir construyéndola.

por: Mariángel Sánchez
Vicepresidenta del Consejo de Estudiantes de la PUPR y de la Asociación Departamental Biomedical Engineering Society (BMES) | Estudiante de Ingeniería Biomédica, 4to año

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